Hoy observando estas verdes praderas
y esta lluvia tan fugaz e incesante.
Pude comprender varias deidades
que poseía en mi alma.
Comprendí que a los un año
del entierro de ese amor.
Ya no sobra nada,
de las cuales ya no ha quedado ni
heridas ni pasajes de un triste corazón.
Hoy solo siento que se han regado
las tierras de mi corazón.
Y que estoy preparada para un
nuevo amor.
Ya no soy igual a la niña de ayer.
Ya no soy la impaciente ni tan poco
la caprichosa.
Más bien soy una rosa que quiere
amor y que la rieguen con gotas
de esperanza.
Que espera un rocío tierno y
deslizante.
Que penetre directamente
el suelo de su amor.
Hoy entendí que ya puedo volver
a amar.
Que ya puedo volver a soñar.
Tan solo me queda esperar,
un sabio que lo sepa cosechar.
Lili Mendoza G. 04-10-10
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